La semana pasada comenzamos una serie de mensajes llamada S.A.T. El cual es un acrónimo para hablar de Santidad, Amor a toda prueba y Total entrega. Estas tres cosas fueron las que Jesucristo nos pidió de sus propios labios en los evangelios si queríamos ser sus discípulos y heredar la vida eterna. Tres cosas que son el todo de la vida de un creyente. En los evangelios Jesús nos llama a ser santos, a amar a Dios por sobre todas las cosas y que estemos dispuestos a dejarlo todo por Él; nuestra nación, familia, vida, todo.
S.A.T incluye todo lo que tenemos que vivir como cristianos. El problema comienza cuando en nuestra vida cristiana queremos hacer las cosas al revés; buscamos primero hacer cosas para Dios, antes de entender que debemos vivir una vida en Santidad, Amor a toda prueba y Total entrega.
Nunca los conocí
«No todo el que me llama: “¡Señor, Señor!” entrará en el reino del cielo. Sólo entrarán aquellos que verdaderamente hacen la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Pero yo les responderé: “Nunca los conocí. Aléjense de mí, ustedes, que violan las leyes de Dios» (Mt 7:21-23).
Cuando Cristo dice que muchos vendrán es porque muchos vendrán. En aquel momento llegarán muchos misioneros, pastores, evangelistas, hermanas que sirvieron en la iglesia, jóvenes que sirvieron en la música, muchos de ellos llegarán delante del Señor. Pero Él les dirá: «Nunca los conocí. Aléjense de mí, ustedes, que violan las leyes de Dios». Quiero que se graben algo en sus corazones. Decir o repetir la frase: «Señor Jesús yo te
Una verdadera confesión de fe es vivir en santidad, en amor a toda prueba y total entrega
acepto en mi corazón». No nos hace salvos. Una verdadera confesión de fe es vivir en santidad, en amor a toda prueba y total entrega, eso es una confesión. Lo otro es una oración rápida que hacemos.
Jesús no está diciendo: «reconoceme o confiesame». La Biblia parece decir: «el que me reconozca», el que «me confiese» será salvo. Pero estos mismos hombres de Mateo 7:22 están confesando a Jesús. Ellos están diciendo: «¡Señor, Señor! en tu nombre hicimos, hicimos, hicimos». Pero Jesús les responderá: «Yo no los conozco». Por lo tanto, no es reconocer a Dios, no es confesar a Dios, ni tampoco es servir a Dios. Ninguna de esas cosas te salvará. Hemos entendido el evangelio al revés porque no conocemos toda la teología bíblica. Lo que realmente el Señor nos está diciendo es: «Yo los quiero salvar, pero en mi método de salvación ustedes me siguen, me conocen, me prueban, me entienden y se salvan. Ustedes no hacen cosas por mí». Estos hombres fueron delante del Señor en una confesión activista. Y lo que Dios quiere es una confesión relacional. Es por él, a través de él y con él. Eso es lo que Jesús quiere.
Hay un montón de gente que hoy está haciendo cosas por Dios pero sin Dios
Jesucristo ve que la confesión de estos seguidores no es verdadera y les dice: «no los conozco». Hay un montón de gente que hoy está haciendo cosas por Dios pero sin Dios. Ese es el gran problema. En el evangelio y en esta vida que Dios nos ha regalado, las cosas no las hacemos nosotros, las hace el Espíritu Santo y nosotros las replicamos en un mundo físico.
Apartados
El primer carácter de este acrónimo es santidad. En Levíticos 20:26 nos encontramos a Dios diciéndole a su pueblo: «Sé santo porque yo, el Señor, soy santo. Te he separado de las demás naciones para que seas mío». Inmediatamente, cuando pensamos en la palabra santo nos imaginamos a alguien justo, puro, bueno, a alguien que es honrado. Pero esa no es la definición de santo. En la escritura la palabra santidad es un término hebreo que se escribe «qadôsh» y tiene dos connotaciones.
La primera connotación de «qadôsh» aplicado a Dios es de un ser extravagante; fuera de serie, no se parece a nadie, es irrepetible, inimaginable en su manera de ser. Y claro está, si él no se revela a nosotros jamás podríamos dar en el clavo para saber cómo es él. La segunda connotación hace referencia a nosotros. Cuando las escrituras dicen «sean santos» -qadôsh- aplicado a nosotros es «apartados». El Señor está diciendo: «apártense, apártense para mí» Eso es todo lo que Dios nos pide: «APÁRTENSE». No nos está diciendo sean buenos, sean puros, sean íntegros, porque eso viene con la relación.
Cuando el Señor dice «sean santos porque yo soy santo», puede parecer que nos está pidiendo algo imposible de realizar, ya que no podemos ser como Dios. Sin embargo, la Biblia no nos llama a ser idénticos a Dios, sino a parecernos a Él.
La santidad, el amor y entregarle toda nuestra vida al Señor no es obligatorio, todo es voluntario. Si sientes presión de vivir en santidad, de amar o de servir a Dios. Entonces no te has convertido, perdóneme si esto te suena duro, pero una persona que se convierte de verdad no siente que en el evangelio hay presión, todo es un deleite para él . Darlo todo es un deleite, santificarse es un deleite, amar a Dios por sobre todas las cosas es un deleite, ir a la iglesia, entregar sus ofrendas es un deleite… ¿Por qué razón? porque es voluntario, es una locura voluntaria.



