S.A.T tiene el propósito de entregarte la capacitación y las herramientas para que seas salvo. Contiene las tres cosas que Jesucristo -no Lobsam, no la iglesia, los evangélicos, los católicos ni tampoco los teólogos- dijo que debían manifestarse necesariamente en nuestras vidas, para que pudiésemos entrar al reino de los cielos.
«Y dado que Abraham y los otros patriarcas fueron santos, sus descendientes también serán santos, del mismo modo que toda la masa de pan es santa porque la porción que se da como ofrenda es santa. Pues, si las raíces del árbol son santas, las ramas también lo serán. Algunas ramas del árbol de Abraham —algunos del pueblo de Israel— han sido arrancadas; y ustedes, los gentiles, que eran ramas de un olivo silvestre, fueron injertados. Así que ahora ustedes también reciben la bendición que Dios prometió a Abraham y a sus hijos, con lo cual comparten con ellos el alimento nutritivo que proviene de la raíz del olivo especial de Dios. Así que no se jacten de haber sido injertados para reemplazar a las ramas que fueron arrancadas. Ustedes son solo una rama, no son la raíz.» (Rom 11:16-18)
En las escrituras vemos que Dios escogió a un hombre, Abraham, para hacerse un pueblo santo, Israel. Pero Israel constantemente se alejaba del Señor en su tozudez, rebelándose contra él y sus caminos. Es por esto, que Dios decide buscar un pueblo que no era su pueblo. Imagina esta escena: un día un árbol vivo se cansa de sus ramas y se las arranca, va al bosque y escoge otro árbol que es infructífero, además de feo, y se inserta sus ramas…. ¡Sería una locura!…¿verdad?. Bueno, es exactamente lo que el Padre hizo por ti y por mi cuando envió a Cristo. El Padre le hizo una incisión a Cristo -en la cruz- e injertó a un grupo de personas que no son su pueblo.
El agricultor
Los agricultores siguen una serie de procedimientos meticulosos a la hora de realizar un injerto. En primer lugar, preparan sus herramientas esterilizandolas cuidadosamente para evitar cualquier contaminación tanto en el injerto como en el árbol que dará la vida. En segundo lugar, proceden a podar el árbol que dará vida creando el espacio necesario para el injerto. En tercer lugar, seleccionan con precisión la parte del otro árbol que servirá como injerto. Y finalmente, unen hábilmente el injerto al árbol receptor, sellando la conexión para que puedan fusionarse y crecer juntos. Y estos mismos principios y procesos son los que Dios aplica en nuestras vidas al injertarnos en Cristo.
Nadie logra santificarse teniendo una relación itinerante con Dios. Pretender alcanzar la santidad sin cultivar una relación estrecha e íntima con Dios es un error.
Como el agricultor de nuestras vidas, el Señor en primer lugar debe esterilizar las herramientas que usará para el injerto. Todo lo que Dios necesita emplear a tu alrededor -para que puedas ser injertado y dar fruto- debe ser santo: tus amigos, tus líderes espirituales, tu comunidad de fe, incluso lo que ves en los medios de comunicación y las personas con las que te relacionas. Además, Dios no solo se preocupa de que no te contamines mientras te poda, sino también, de que tú no contaminemos el árbol mismo, que es la iglesia. La raíz es Cristo, pero el árbol en su totalidad es la iglesia.
En segundo lugar, Dios debe herir el árbol que va a dar vida. Este acto trascendental ocurrió hace más de dos mil años en la cruz; Dios Padre entregó a su Hijo para que nosotros pudiéramos tener vida: «Ciertamente él llevó nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido» (Is 53:4).
El tercer paso crucial en este proceso es cortar el injerto del otro árbol. Dios necesita separarte del árbol que no da fruto, esto significa, todo tu mundo que te contamina, no hay otra manera. Para transformarte en una rama fructífera o en un cristiano vivo debes alejarte de estas cosas. Muchos cristianos no han sido capaces de sacar su corazón del mundo, viven en las cosas de Dios pero con el corazón en el mundo -en la corriente del mundo- y no son capaces de agarrar su corazón y sacarlo de ahí. Debemos sacar nuestros corazones de ahí. Otra cosa que también hace el agricultor es escoger la rama más hermosa, sana y con más hojas como injerto. Para poder unirla al árbol que le dará vida debe limpiarla, quitándole todas esas hojas o lo que estorbe. Aquí entendemos por qué muchas veces Dios nos quita todo para traernos a la vida en Cristo. Anula nuestros talentos, nuestra fuerza, capacidades, belleza, etc. Porque sencillamente nunca se ha tratado de nosotros. Todo es sobre él.
En cuarto lugar: el agricultor selecciona la rama que dará vida, la une al injerto y la envuelve con hojas, generalmente tomadas del árbol sano. Esas hojas se pudren e incrustan en el injerto para que se puedan unir y la rama comience a dar vida.
Dios utiliza esta misma analogía para describir cómo tomó a todos los gentiles y los injertó en Cristo para darnos vida. Pero este proceso de transformación no sucede de la noche a la mañana. Transformarse en una rama lleva tiempo, lleva tiempo que te hagas uno con el árbol original,
Una iglesia saludable es aquella que tiene una relación viva con Dios. Donde todos sus miembros comprenden que la santidad no es algo que puedan lograr por sí mismos
lleva mucho tiempo. Si yo sacara los amarres… ¿Sabes lo que encontraría ahí?. Una herida. Quizás no una herida de carne y hueso como la de un ser humano, pero si una herida en el árbol. Si el aire llegara a esa herida antes de que las hojas se pudrieran, secaría la rama y deformaría el árbol en su totalidad. Muchas veces por falta de paciencia «metemos las manos» en lo que Dios está haciendo en nuestras vidas y arruinamos sus planes.
Santidad
Cuando la Biblia afirma que «separados de él nada podemos hacer» (Jn 15:5), nos está recordando la importancia de mantener una relación profunda, íntima y constante con Cristo. Nadie logra santificarse teniendo una relación itinerante con Dios, no puedes aspirar a ser seguidor de Jesús una semana y, a la siguiente, seguir tus propios deseos, pasiones y temores. Pretender alcanzar la santidad sin cultivar una relación estrecha e íntima con Dios es un error.
Una iglesia saludable es aquella que tiene una relación viva con Dios, donde todos sus miembros comprenden que la santidad no es algo que puedan lograr por sí mismos; jamás debemos intentar preséntanos delante de Dios Padre luchando por ser santos, nosotros le presentamos la santidad a Él como algo que él mismo nos dio.
La santidad es un reflejo divino en un cristiano. Mientras más relación con Dios más santificación
La santificación de un hombre o una mujer se basa en una relación profunda, sincera y constante con Dios, donde la criatura al unirse a un Dios santo va adquiriendo parte de su naturaleza y recuperando lo que había perdido en el origen. Jamás debemos intentar presentarnos delante de Dios intentando ser santos con nuestras propias fuerzas.
Un reflejo es una reacción involuntaria a un estímulo o a una fuerza mayor. La santidad es un reflejo divino en un cristiano. Mientras más relación con Dios, más santificación. Mientras peores momentos vivas en la vida pero te derrumbes en Cristo, más rápido serás levantado. El mundo cura el dolor con drogas, alcohol o pasatiempos, pero cuando te derrumbas en Cristo él te da su vida y eso te cura.



